La vida al desnudo es algo que nos inspira, nos libera y a la vez
tememos, haciéndonos sentir inseguros y débiles. Perder el miedo a
soltar las máscaras que nos impiden reconocernos a nosotros mismos tal y
como somos, con nuestros “defectos”, atranques emocionales, arrastres
mentales… Soltar todos los prejuicios que tapan la más vulnerable
cualidad del ser humano, el desnudo. Esa forma de relacionarnos desde el
estado más puro de la persona. Mentes liberadas de todo patrón inútil
que nos permitan mirarnos a los ojos y contemplar nuestro interior más
vulnerable. Un desnudo integral, sin tabúes ni vergüenzas. Un reto
basado en diluir los miles de miedos y complejos que taponan nuestra
autenticidad hasta quedar por completo a flor de piel, tal y como somos,
sin estrategias para ocultar el más preciado regalo que nos podamos
hacer, nuestro diamante en bruto.

 

Vivir al desnudo alude a ese abanico de espacios abiertos, de parcelas
baldías, de desiertos, océanos y montes, de animales salvajes, ríos
estruendosos, de ocasos rindiéndose al día y amaneceres bordando el
sigilo del despertar. Ese jardín de flores sonriendo al sol y
deshojándose en el otoño para renacer de nuevo en primavera. Esa
cenicienta esclava de sí misma, que entre harapos y descosidos soñó con
ser “princesa” desconociendo que ya lo era. Esa lágrima, que desde tan
enorme fortaleza baja deshaciéndose por las mejillas de la ternura
dejando una estela de alivio y sosiego. Ese inocente niño, que sin
importar color, edad, sexo, casta ni estatus social, se desvive jugando
feliz con otras niñas y niños de la playa, gastando ilusiones y volando
cometas de esperanza hasta agotar el último rayo que Lorenzo brinda…

 

Es el momento de despojarnos de esos engalanados trajes de etiqueta
para impresionar comensales de nuestra propia mesa, ya no valen las
estrategias baratas que tropiezan con la naturaleza del ser humano…
Fuera las pestañas postizas y rabos afilados por temor a que la mirada
no alcance las profundas lejanías. Fuera esa faja que oprime y achica el
alma, haciendo que embeban nuestros adentros. Fuera esas persianas y
rejas que impiden que el aire y la luz refresque nuestro interior. Fuera
esos tacones que nos hacen estar tan por encima de nuestra atmósfera
que la falta de oxígeno y la presión acaban dominando gozos y disfrutes.
Fuera los espejos que distorsionan sentimientos y emociones creando
imágenes falsas de nosotros mismos. Fuera esos castillos con tantas
salas, torretas y pasillos, que nos hacen perder el norte en nuestro
propio hogar…

 

Abramos la puerta del nudismo y entremos en un lugar donde las máscaras quedan
sepultadas bajo las raíces de una naturaleza en libertad, despachando el
aire entre miles y miles de ramas que se alzan al mundo para gritar: DESNUDA TE QUIERO MI VIDA!!!

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