AUTOBIOGRAFÍA

Me presento como Nestior, apodo y cariñoso nombre de Néstor Melguizo Medina. Pertenezco a la generación de los 80’, aquella de las Jhayber, las Motoretas y los 4Latas… aquella que desconoció por momentos el teléfono móvil… aquella en la que antes de que llegaran los mandos de “la play”, cavábamos túneles en el montón de arena de la obra del barrio. Nacido y criado entre almendros, naranjos y olivos, en un entorno rural y natural como es Dúrcal, un pueblecito de unos 6.000 habitantes situado en el riñón derecho de Andalucía, hombros del Valle de Lecrín, cabellos de Sierra Nevada. Un enclave geográfico muy importante en mi plenitud como niño y en mi base ético-moral como adulto. La unión con la naturaleza reafirma el tipo de persona que respira hoy dentro de mí.

La adicción por la música viene en gran parte de mi padre y la perspectiva del arte de mi madre, compañeros que a duras penas y con sabrosas recompensas, consiguieron sacarnos adelante a mi hermano y a mí.

Mi niñez, ilusiva e inocente. Desde entonces ya brotaba una gran inquietud y curiosidad que alejada de la realidad se entremetía en un mundo de sueños y fantasías.

En mi adolescencia empezaría una dura etapa de conflictos sociales y rebeldías familiares, de contradicciones y choques morales, los cuales me hicieron a mi y a toda mi pandilla escondernos en las profundidades del punk, el rock y la música alternativa. En ella encontrábamos el aliento que ausentaba a nuestro alrededor. Por otro lado, también nos hizo tropezar en el fatídico rechazo de una sociedad aparentemente enferma.

Más adelante, estas heridas dejarían de sangrar, algunas, convirtiéndose en cicatrices que perduran hoy, otras aún resisten en el intento de canalizarlas en resignación, responsabilidad y templanza.

Mis etapas más actuales recaen en un largo tiempo de aventuras con Sonido Vegetal, proyecto que me ha dado las alas que hoy agito con tan fulgurante orgullo. Afecciones de ego, pasadizos de miedos, reafirmaciones de mi yo interior, regresos a mi infancia… En esta etapa conocí de cerca el fracaso, el triunfo, el fracaso, el triunfo y el fracaso y el triunfo… en tan gran medida, que conseguí hermanarlos y redirigir la mirada a un presente más neutro, más lleno de sensaciones reales, o por lo menos, más verdaderas para mi.

Demasiadas anécdotas que contar, descripciones tan interesantes como odiosas que forjan el pasado del presente y que advierten el futuro más lejano como paraje incierto.

Hasta aquí alcanzan estas palabras sobre mi. Siempre es un reto, un tanto extraño, construir una autobiografía. Es una forma compleja de automedicarse sobre diagnósticos difusos, por eso dejo a un lado la parte del curriculum, títulos y otras derivaciones, para hablar de lo personal. Considero que la mejor forma de presentar mis trabajos es acercándote a ellos, tanto a los actuales como a los pasados. Dejo los calificativos, etiquetas y críticas en otras miradas… yo solo sé, que hoy nazco de un huérfano huevo, que esperó la temperatura ideal para romperse, sin prisa, sin pausa, y sin más que el asombro de un mundo nuevo y las ganas de navegarlo.